Luc Hoffmann, fallece el último héroe de la saga de los pioneros de la conservación de la Naturaleza

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Luc Hoffmann

Con Luc Hoffmann, fallecido hoy, 21 de julio de 2016 en La Carmarga, Francia, perdemos al último superviviente de la saga de pioneros que en los años 50 del siglo XX sentaron las bases de la conservación de la naturaleza en Europa.

Mucho le debe España a Hoffmann, mecenas de decenas de proyectos para proteger la vida salvaje en nuestro país, el más importante, sin duda, el haber salvado Doñana de su desecación al ayudar a José Antonio Valverde en ese empeño, aportando los primeros fondos para adquirir la finca de Doñana que en 1969 se declararia Parque Nacional.

Mauricio González, a la dcha, con Hoffmann, Scott y Bernis estudiando los límites de Doñana (1964)

Mauricio González, a la dcha, con Hoffmann, Scott y Bernis estudiando los límites de Doñana (1964)

Desde que en 1954 trabó amistad con José Antonio Valverde, en su entonces recién inaugurada Estación Biológica de la Tour du Valat, en el humedal de La Carmarga, en la costa Azul francesa, su amistad y complicidad fue grande. Tenía entonces Valverde 28 años y Hoffman 31.

Cuando, medio siglo más tarde, inicié en 2003 la publicación de los siete tomos de las memorias de Valverde, Hoffman contribuyó a hacerlas realidad, aportando un tercio de los costes de impresión de las mismas.

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Valverde y Hoffman en la dunas de Doñana en 1963.

En 2013, con motivo de su empeño en devolver a España una documentación que Valverde le había entregado para su custodia veinte años antes, solicité al rey Juan Carlos I que le otorgara la medalla de Isabel la Católica, del Gobierno de España.

La entrega de aquel galardón supuso el reconocimiento público y el agradecimiento de los españoles a su apoyo incondicional, a lo largo de décadas, como mecenas y también como incansable e influyente activista a favor de la vida silvestre, desde su puesto de vicepresidente del WWF, Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza. Desde ese cargo cooperó en 1970 con Félix Rodríguez de la Fuente en la operación Asturcón, adquiriendo y recuperando esa raza de caballos salvajes, cuando los últimos ejemplares que quedaban iban a ser sacrificados para carne. Interesado por los útimos tarpanes, también apoyó durante décadas la cría de caballos salvajes de Przewalski de Mongolia. Su gran obra fue la protección del inmenso humedal del Banc D’Arguin, en Mauritania, y posteriormente de numerosos proyectos en la costa atlántica africana.

Acto de homenaje a Hoffman en Madrid en 2009. De izq a Dcha, Benigno Varillas, promotor del acto; Luc Hoffman; Jose Puxeu, Secretario de estad de Medio ambiente y el Presidente del CSIC.

Acto de homenaje a Hoffman en Madrid en 2009. De izq a dcha, Benigno Varillas, promotor del acto; Luc Hoffman; Jose Puxeu, Secretario de estad de Medio ambiente y el Presidente del CSIC.

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Ver: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/21/ciencia/1256151511.html

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La Alianza del Pacto entre el hombre y el lobo

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El pacto, la alianza entre los dos grandes cazadores sociales del cuaternario pudo ser una realidad, más allá de la imaginación desbordante de Félix. Tenía, por fin, una prueba de que era posible que un lobo se acercara sin temor al hombre. Él mismo relató aquella curiosa información que le pasó un canadiense:

“He sentido siempre auténtica preferencia, entre todos los animales, por el lobo. He hecho campañas para su protección, algunas de las cuales han sido mal interpretadas y me han ocasionado críticas acerbas –con toda la razón si realmente quienes habían oído aquellas cosas no estaban en el meollo de la cuestión– cuando los lobos en Galicia, en Zamora o en León atacaban un rebaño y mataban 20 o 30 ovejas y decían los periodistas, “aquí debía estar el Doctor Rodríguez de la Fuente para ver lo que hacen sus queridos lobos”.

Efectivamente, los lobos cuando no tienen reses mayores que matar, ocasionan a veces graves deterioros para los pastores y para los ganaderos y nunca ha sido mi idea que sean ellos quienes tengan que pagar el lujo de que tengamos lobos sino, evidentemente, las medidas del gobierno para que sean indemnizadas estas personas.

Siempre he tenido una auténtica curiosidad por el mundo del lobo y quizá alguno de los primeros conocimientos que se tuvieron fuera de España, no ya de mi divulgación sino de la experimentación en el campo de la Etología, fue a través de los lobos”.

Un artículo que se publicó en la revista ‘Paris Match’ en 1969, tuvo mucha repercusión. Decía que en España había un naturalista que hablaba con los lobos, que vivía con los lobos, que hacía experimentos etológicos con una manada de lobos de la que era el jefe del clan.

Ese artículo llegó a manos de John Fraser, un naturalista canadiense que sabía de Félix como “el hombre de los lobos” mucho antes de que Rodríguez de la Fuente llegara al Yukón en 1979 para filmar con su equipo la serie canadiense de ‘El Hombre y la Tierra’.

Quiso el destino que Félix le contratara como naturalista de campo. Y para su sorpresa, lo primero que hizo John Fraser al verle fue ponerle sobre la mesa del hotel de Dawson City donde se encontraban, un sobre lleno de fotografías. Fue uno de los últimos relatos sobre el lobo que dejó registrado Rodríguez de la Fuente:

“Con un gesto de sus ojos penetrantes, de sus ojos acerados, John Fraser me indica, que me anime a sacar las fotos del sobre y que comience a verlas. Lo que vi me dejó estupefacto.

Fraser es un hombre dedicado al estudio de los caribúes, con objeto de encontrar medidas que impidan su disminución. Para estudiar lo que ocurría en las islas del Noroeste del Canadá, prácticamente virginales, a las que no siendo algún esquimal no ha llegado ser humano alguno, con un equipo de tres personas, entre ellas su propio hermano fotógrafo, viaja en etapas rigurosamente estudiadas hasta una de las zonas donde pasan el verano los caribúes. Toman tierra y desde un altozano observan unos puntos blancos en la hondonada, como a un kilómetro de distancia. Miran con los catalejos aquellos puntos blancos con más detenimiento, y descubren llenos de ilusión que son lobos, los rarísimos, los hermosos, los increíbles lobos blancos del Ártico. Lobos que viven en un lugar a donde el hombre nunca ha llegado como poseedor de rebaños, ni como poseedor de nada. Lobos, que podríamos considerar virginales, no solamente en el albo color de su pelaje, sino en su comportamiento, no modificado por la presión humana.

John Fraser y el grupo de naturalistas comienzan una marcha de aproximación, con el temor de que los lobos emprendan la huída como hacen todos los lobos del mundo. Pero cual no sería su sorpresa cuando llegan a los cien, llegan a los ochenta metros y los lobos tranquilamente les siguen observando. Se paran allí, vuelven a colocarse los prismáticos, montan incluso una cámara con teleobjetivo, montan su telescopio para observar con todo detenimiento y llegan a la conclusión de que el clan lobuno está constituido por dos adultos y cuatro subadultos que pueden ser hijos de la camada del año anterior.

Hacen fotografías, observan durante largo tiempo a estos lobos, con los guantes puestos, con las gruesas camisas de franela resistentes a los aguijones de los mosquitos, se van acercando lentamente. Y ante su sorpresa, a cincuenta metros los lobos tampoco se asustan, no se van. Sorprendidos, piensan que, efectivamente, son lobos que no conocen al hombre como ser peligroso, como matador a distancia, como depredador, y de esta forma, ganando terreno, los cachorros juegan tranquilamente delante de ellos.

Me cuentan –y lo veo en las fotografías– que se persiguen llevando una pata de caribú, cerca de la madriguera, de un sitio a otro. Los adultos les observan con un gesto sereno, señorial, mientras los subadultos lejos de huir, empiezan a acercarse a los naturalistas llenos de curiosidad, con las orejas enveladas, tratando de olerles. Se separan de vez en cuando y cuando llegan a una distancia de unos quince metros, se quedan de pie, como con recelo. No huyen, no enseñan los dientes, pero tampoco avanzan, se quedan parados.

Hay un momento alucinante, en el que el grupo de naturalistas y los jóvenes lobos forman dos líneas que se observan frente a frente. En el rostro de los naturalistas hay toda la curiosidad, todo el amor, toda la alegría que pueda haber en la faz de un hombre que está a muchos miles de kilómetros de la civilización y que encuentra en la naturaleza, en una isla salvaje, una manifestación increíble de pureza en una especie animal.

¿Qué pasará? ¿Qué van a hacer estos bichos? ¿Qué tendríamos que hacer nosotros para que estos animales nos aceptaran? Mientras piensan esto, el hermano de John Fraser, se adelanta quince, veinte pasos hacia aquellos lobos subadultos, aquellos lobos juveniles que les están observando con enorme curiosidad.

Los lobos, llenos de ansiedad, les tiemblan los belfos, absorben el aire, de alguna manera quieren saber quienes son aquellos que han llegado a su isla. No cabe la menor duda de que es la primera vez en su vida que ven al hombre y que su comportamiento y su reacción es de la mayor pureza.

El hermano de John descarga el carrete de su máquina a los lobos que están cerca de él, separados solamente ya por ocho o diez metros. A su vez John, hace fotos a su hermano con los lobos al fondo, fotografías que ocupan ese paquete que inmediatamente adquirí para una editorial española y que se publicarán no tardando mucho. Y cuando se le acaba la película, el hermano de John se arrodilla en el suelo para apoyar la cámara sobre el muslo y meter otro rollo. En aquel momento, nota el calor de una respiración animal que está a pocos centímetros de su nuca. Se queda absolutamente petrificado.

Levanta los ojos sin mover la cabeza y, en ese mismo momento, recibe un lengüetazo, un beso, un gesto de amistad de la grande, de la suave, de la tibia lengua de aquel lobo salvaje, que cuando él se ha agachado y adoptado una actitud que en el mundo de los lobos es el gesto de sumisión, del saludo, de decir no te voy a hacer daño, corresponde bajando a su vez la cabeza y lamiéndole la cara y agachándose junto a él.

El gesto del fotógrafo de ponerse en cuclillas, absolutamente espontáneo, para cambiar el rollo de fotos, incitó a uno de los cuatro lobos juveniles a adelantarse hacia el recién llegado y darle un beso. Existe una fotografía increíble, fabulosa, donde se ve como el lobo salvaje, el gran lobo blanco, recibe al hermano humano con el gesto que en el universo lobuno es el de todo el amor, como en el mundo de los hombres el ofrecer la mano, y en el suyo el dar un lengüetazo, el lamerle la cara al otro.

Pasan unas horas de inconcebible felicidad con aquellos lobos. Cada vez que se tumban, que  acercan el rostro al suelo, los lobos vienen a olfatearles y a lamerles mientras hacen todas las fotografías que ocupan el sobre que tuve la dicha de recibir en el hotel El Dorado de Dawson City, yo, hombre enamorado de los lobos.

Y de pronto, en un momento determinado, y esto llena de toda la grandeza del mundo el momento, aquella expedición, uno de los lobos adultos, que se habían acercado también a los hombres, pero que no había condescendido a integrarse en su comunidad, es decir, a besarles, a olfatearles, cosa que habían hecho los juveniles, lo que demuestra que también en el mundo de los lobos la juventud está más cerca de adoptar nuevos sistemas de comunicación o de integrarse en nuevas comunidades, en un momento determinado, aquellos dos lobos adultos miran al horizonte, descubren un grupo de caribúes que pasan, emiten su llamada de caza, y automáticamente los cachorros pequeños se meten en las terreras y los cuatros lobos juveniles parten a cazar siguiendo a los adultos en la inmensa isla del Noroeste del Canadá y se pierden detrás del rebaño de caribúes.

Que testimonio tan fantástico. Efectivamente, antes de que el hombre se hiciera matador, antes de hacerse dueño de la Tierra, antes de que se hiciera dueño de la carne, antes de que el hombre se creyera el rey de la Creación –cosa que hoy sabe muy bien que no es– antes de eso, hasta los lobos pudieron ser sus amigos”.

(FRF dixit)

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Homenaje a Josechu Lalanda, pintor de animales

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Josechu Lalanda se hizo familiar a todos los españoles a partir de 1966 a fuerza de oír a Félix Rodríguez de la Fuente citar su nombre cada vez que interrumpía en TVE las imágenes con escenas de la fauna que emitía por la naciente televisión para decir “Y ahora vamos a ver en las maravillosas láminas del extraordinario dibujante Josechu Lalanda…”

Equipo de la enciclopedia Fauna

Equipo que hizo con Félix R. de la Fuente la enciclopedia “Fauna”: De izq. a Dcha. Lalanda, Vallecillo, De Andrés, Delibes y Morillo. —-(Foto©: Benigno Varillas.)

El 29 de enero de 1980, semanas antes de la muerte de Félix, Lalanda le pidió que diera un discurso de presentación suya en la inauguración de una exposición de la obra de Lalanda en una galería de arte de Madrid. Hacía seis años que sus vidas profesionales se habían alejado, pero Félix respondió rápido y positivamente a la llamada de su viejo amigo.

Tenemos el honor de publicar en el blog de Altotero, en primicia, las palabras de Félix sobre Lalanda en aquel acto de 1980. Las retransmitimos al mismo tiempo que se dan a conocer en el homenaje a Josechu Lalanda organizado el 20 de enero de 2016 en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, cuya convocatoria reproducimos al lado. En él hemos contribuido al mismo leyendo el discurso de Felix de hace 36 años:

José Antonio Lalanda pintor de animales

image001“JOSÉ ANTONIO LALANDA es un pintor de animales. Es cierto que los críticos de arte y aficionados a la pintura en general conocen la especialidad del pintor LALANDA. Pero no por ello quiero dejar de enfatizar la frase con que comienzo estas líneas: Pintor de animales. Y hago hincapié en esta peculiaridad porque han existido, y existen, magníficos pintores. Hay, y ha habido, númerosos animalistas, pero contamos con muy pocos pintores de animales.

Trataré de explicarme. El artista que merece el título de pintor de animales ha de conocer en profundidad dos partes complejísimas: el arte pictórico y el arte del conocimiento del animal en su propio ambiente. Pienso, que en la actualidad, resulta más difícil la segunda de las actividades artísticas que la primera. Porque existen escuelas de dibujo y de pintura, pero, que yo sepa, en ninguna parte le enseñan a uno la manera adecuada de integrarse en la naturaleza para llegar a captar la auténtica dimensión del animal salvaje.

Si la crítica del arte resulta difícil y compleja en términos generales, la calificación de la pintura animalista requiere el conocimiento previo, por parte de quien la juzga, de las actitudes y las esencias de la fauna en su medio ambiente. Hace milenios que el hombre rompió el cordón umbilical que le unía a la madre naturaleza. Los pintores anima listas del Cuaternario que inmortalizaron en los techos y en las paredes de las cavernas magdalenienses las figuras de bisontes, caballos salvajes, renos, mamuts, rinocerontes lanudos, representaban algo que constituya la esencia de sus propias vidas. Eran artistas que nacieron y vivieron en el seno de una sociedad zoófila. El animal salvaje no sólo era la base misma de la supervivencia para aquellos pueblos cazadores, sino que simbolizaba la vida, las creencias religiosas, las estructuras filosóficas. Todo debía girar en torno a un universo zoomórfico en el que el hombre y el animal sólo estaban separados por tenues fronteras.

Hoy, los animales salvajes ocupan una dimensión. Los hombres, otra. La mayoría de los seres humanos no tienen oportunidad de contemplar la fauna más que a través de fotografías o películas. Su conocimiento se adquiere en los libros. El hombre moderno ya no está en la naturaleza.

Sólo unos pocos privilegiados han conservado “la memoria cinematográfica” y la “retina fotográfica” de la humanidad paleolítica. Estos hombres, si conocen y ejecutan a la perfección las reglas del arte pictórico, son los únicos posibles pintores de animales. Y este es el caso de JOSÉ ANTONIO LALANDA. Enamorado de la naturaleza, ha pasado y pasa la mayor parte de su vida en pleno campo. En su imaginación, en su memoria prodigiosa, en su sensibilidad de artista, el animal ha un ocupado siempre lugar preferente. Su preocupación creadora jamás se ha canalizado por otro cauce que no fuera el fotográfico. JOSÉ ANTONIO LALANDA es de los pocos pintores vivientes que han heredado las cualidades inimitables de los artistas magdalenienses”.

Firmado: Félix Rodríguez de la Fuente.

Tras el acto en la galería de arte en el que Félix hizo este discurso, Josechu le llevó a su domicilio madrileño en automóvil. Era invierno y había ya anochecido. Josechu observaba a su amigo inusualmente callado y triste. Cuando llegaron y paró el motor del vehículo para que se bajara, Félix se quedó extrañamente quieto en el asiento. Lalanda, sorprendido, le preguntó si se encontraba bien y que qué le pasaba. Inesperadamente, Félix le soltó, profundamente entristecido: “Me siento solo, Josechu. No tengo amigos. Estoy solo”. Tras decir esas palabras, salió del automóvil y su figura se fue perdiendo en la oscuridad de los soportales de la urbanización. Semanas después fallecía en Alaska. Así me lo contó Lalanda en 2007, cuando le entrevisté para que me hablara de su relación con Félix entre 1966 y 1980.

Hace cosa de un año, en 2015, llamé a Josechu por teléfono para decirle que quería hablar con él de nuevo, dado que estaba reescribiendo la biografía de Félix Rodríguez de la Fuente para una nueva edición, y quería que me volviera a dar detalles de sus recuerdos. Volvimos a hablar de la ultima vez que se vieron y tras repetirme la historia me hizo una confesión: “Te diré que yo me encuentro ahora igual de solo. Nadie me llama, ni me visita. Me siento abandonado por las muchas personas que se han hecho con mi obra”. Prometí llamarle de nuevo y pasarme de vez en cuando a charlar con él. Iba a hacerlo cuando me dieron la noticia de su fallecimiento. Cuánto perdemos dejando irse de nuestro lado a personas extraordinarias, sin disfrutarlas cuando hubo ocasión, pensando que estarán ahí siempre, dando erróneamente prioridad a lo urgente sobre lo importante… Nunca lo hagas.

http://jlalanda.com/primera.htm

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Sáhara: tras los pasos de Valverde

Hoy salimos para el Sáhara. Los de Hartmusch siguen la exploración del desierto que llevan realizando en los últimos años, y en este me he sumado a la expedición. Hartmusch da continuidad a la tarea que inició el profesor Valverde, en la foto, cuando a los 29 años recorrió durante un par de meses este vasto y complejo territorio en el año 1955.

 

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Adquiere aquí la Biografía de Félix Rodríguez de la Fuente

Adquiere la Biografía de Félix Rodríguez de la Fuente. Pulsa en este enlace.http://www.elcarabo.com/producto/765/

 

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Premoniciones alrededor de la muerte de Félix

El 6 de septiembre de 2015 se emitió un programa de “Cuarto Milenio” dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente. Acababan de entrevistarme semanas antes para el mismo, poniendo en las preguntas mucho énfasis en querer averiguar si su muerte “pudo ser provocada” e iba yo a finales de agosto camino del Norte, aburrido de zapear emisoras de radio. Pasado Aranda de Duero enchufé en el receptor de mi coche el MP3 en el que llevo grabados programas de radio de FRF, que escucho de forma aletoria en el coche cuando la radio no me ofrece nada, cuando, llegando al desvío a Caleruega-Silos-Arauzo de Miel, a la altura del km 172 de la autopista de Burgos, me salió la voz de Félix con estas frases tan coincidentes con lo que Iker Jimenez anda pensando del propio que las pronuncia:

En la biografía que escribí sobre FRF no hablo de su muerte física, pero si mucho de la que si estoy convencido fue intencionada, que fue la intelectual. En su biografía, que podéis encontrar en www.elcarabo.com, intenté recuperar su mensaje y ahora intento completarlo en la web de www.paleovivo.org, trabajando en lo que él había anunciado que iba a hacer, al regresar del viaje a Alaska, donde perdió la vida dos meses más tarde de esta grabación de más arriba, emitida por Radio Nacional de España una semana después de su muerte, el 14 de marzo de 1980. Su pensamiento y deseo de transformar la sociedad era radicalmente antisistema…

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Ante tanta desolación, Félix dijo ‘querer irse’ con los vencejos a las alturas para siempre

Vencejo por Pierre Deom

 

En el post anterior anunciábamos que el 13 de abril llegan los vencejos al centro peninsular. Recordábamos la alegría que le inspiró desde la cuna este fenómeno a Félix Rodríguez de la Fuente. Y resaltamos cómo el añorado amigo de la vida libre y salvaje admiraba a estas aves que nunca se posan, como si no quisieran jamas pisar la tierra donde los humanos se pisan unos a otros y, en particular, a todo lo que es libre y silvestre.

En España el DDT se usó ampliamente desde los años cincuenta del siglo XX hasta los setenta. En 1977, dos años después de su llamada de alerta sobre los pesticidas, en la que Félix dice estar cansado de este miserable mundo donde ya no hay cabida para los vencejos y demás vida salvaje, el DDT se prohibió. Pero se incrementó el de los demás pesticidas. Un estudio publicado en la revista Nature en 2014, afirma que entre 1990 y 2011 los pesticidas contribuyeron a la desaparición de 10 millones de golondrinas, un 35% de la población europea de este pariente del vencejo, con lo que cabe extrapolarle ese mismo impacto, al igual que a otras especies, como la codorniz, el sisón o la calandria.

La bióloga estadounidense Rachel Carson dio la voz de alerta en 1962 con el libro “Primavera silenciosa”, denunciando los campos cada vez más vacíos de vida. Pasado medio siglo podemos estar ante una situación similar: campos silenciosos, sin insectos ni aves debido al uso de nuevos agroquímicos. Félix fue un hombre alegre, vital y optimista, en los miles de documentos y grabaciones que hizo. Pero fue precisamente al final de una grabación dedicada a los vencejos, donde dejó esta premonitoria y dramática reflexión:

“Estamos llenando el mundo de porquería y de veneno. El DDT con el que acabamos con las moscas y los mosquitos. El DDT, con el que tratamos que nuestras cosechas sean más abundantes, para que coman más bocas, para que la máquina humana sea más grande, más inmensa –yo no diría que mejor– ese DDT se acumula en los cuerpecillos de los insectos que comen los vencejos. Los vencejos se acabarán un día u otro, a medida que nuestra atmósfera, a través de su plancton aéreo, los insectos voladores, se vaya saturando de DDT.”

“Estuve este verano en mi pueblo, y en muchas de las casas por las que pasaban las bodas de los vencejos, ya no había bodas. En muchas grietas de la vieja muralla, levantada ya en el siglo XI, y antes muro de un castro romano, donde seguramente no dejaron de meterse los vencejos desde que pusieron la primera piedra, ya no había prácticamente vencejos. Unos pocos, en la torre de la iglesia, en algunas viejas fachadas, con las vigas al aire, bien orientadas.”

“¿Qué podrán ver nuestros niños, cuando ya no haya en el aire bodas de vencejos? ¿Qué podrán ver cuando ya no haya pájaros insectívoros? ¿Qué clase de mundo estamos fabricando para nuestros hijos?”

“¿Es que las discotecas, el deporte convencional, (el fútbol), el urrísono mundo con el que pretendemos sustituir a la naturaleza, van a avizorar su pupila, a afinar su oído y a engrandecer su alma? Mucho me temo, queridos amigos, que no.”

“Por eso, les confieso, desde aquí, que no me importaría nada marcharme dentro de unos años, con el último vencejo. A dormir también volando, allá arriba, a 1.500 metros de altura, a donde es posible que no lleguen los ruidos, ni la contaminación, ni las preocupaciones, ni las injusticias de los hombres.”

Cuatro años y medio después de este doloroso y raro comentario de tristeza y desánimo en Félix, el 14 de marzo de 1980 los cada vez más escasos vencejos que sobreviven a tanta desolación volaban a toda velocidad camino de España. Rodríguez de la Fuente volaba también ese día en una avioneta, que inexplicablemente capotó. Su cuerpo quedó sobre la nevada Alaska, pero su espíritu lobuno, rebelde, salvaje, se integró en un bando de vencejos y tal vez se quedó a 1.500 m de altura donde alejarse para siempre del polvo contaminado de la insidia humana que domeña la tierra.

Vencejo por Pierre Deom2

 

 

Vencejo por Pierre Deom2

 

 

 

 

Bibliografía:

http://enabio.blogia.com/2010/061307–se-ha-dejado-de-usar-el-ddt-.php
http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0213-91112004000800003&script=sci_arttext
http://www.seo.org/2014/08/26/los-pesticidas-neonicotinoides-afectan-a-las-aves/
http://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/silencio-pajaros-y-insecticida-bayer/20140720102920204464.html

Dibujos © Pierre Deom, extraídos de los cuadernos de “El Cárabo” sobre los vencejos. http://www.biodivers.com/carabo.html
Se pueden adquirir solicitándolos en el e-mail: carabo56@gmail.com

La cinta original sobre los vencejos de F. Rodríguez de la Fuente en Radio Nacional de España, programa “La Aventura de la vida” en la que dejó este mensaje:  http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-aventura-de-la-vida/aventura-vida-vencejos-ii/1786919/

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¡Mira al cielo! han llegado ¡Los vencejos!

Vencejos Arqueros del cieloEl día 1 de este mes de abril entraban los primeros bandos de vencejos por el Estrecho de Gibraltar, y el 13 se apoderaron del cielo en el centro de la Península ibérica. ¡La alegría inunda ya el corazón de los que miren a las alturas al oir sus chirridos! Vencejo por Pierre Deom

Su mensajero, Félix Rodríguez de la Fuente, nos dejó deliciosas descripciones de ellos. Pincha los enlaces de audio de este post y lo escucharás. Transcribo sus comentarios por si no tienes tiempo… ¡A ver ese arte de la lentitud!… de oir las cintas.

“Curiosamente, el pájaro más extrordinario del mundo no vive en el Amazonas, ni en ninguna lejana y misteriosa selva virgen. Tal vez mañana lo tengas cerca de tu tejado. Cuando salgas a la calle, mira al cielo: ¡Los vencejos están a punto de llegar!” Todo sobre los vencejos en los cuadernos El Cárabo, nº 66 y 67.”

“Curiosamente, el pájaro más extraordinario del mundo no vive en el Amazonas, ni en ninguna lejana y misteriosa selva virgen. Tal vez lo tengas cerca de tu tejado. Cuando salgas a la calle, mira al cielo: ¡Los vencejos han llegado!” Extractos de los números sobre los vencejos de los cuadernos de la naturaleza “El Cárabo”, nº 66 y 67.”

Este post de bienvenida a los vencejos se elaboró además de con textos propios y de Félix, con dibujos y notas  de la obra de otro gran divulgador de la naturaleza, Pierre Deom, quien dedica  dos deliciosos cuadernos de la naturaleza “El Cárabo”  al “Arquero del cielo”.

El sonajero que arrulló a Félix en su cuna

A Doña Marcelina le gustaba colocar la cuna cerca de la ventana para que le llegaran a su rorro los tibios rayos de sol de la mañana. Al cumplir un mes, Felisín empezó a escuchar chirridos sobrecogedores a través de los finos cristales. Su habitación estaba situada en la segunda planta, inmediata al tejado. Nunca, en las cuatro semanas que llevaba con los ojos bien abiertos, había visto y oído cosa igual. Unas sombras extrañas, negras, barrían una y otra vez el trozo de cielo azul que vislumbraba desde su cesto de Moisés. Aquellas sombras, con forma de arco, de hoz, emitían silbidos agudos y chirriantes. En lugar de asustarse, el bebé pataleaba y ronroneaba cada vez que los apretados bandos de manchas negras sobrevolaban el cristal de su ventana como escuadrillas de combate al ataque.­

Ficha técnica del vencejo:  Peso: la máquina volante pesa 42 g peso el doble que una golondrina. Longitud: 16 cm. Envergadura: 42-48 cm.  casi medio metro, que barbaridad.  Timón: de dirección de geometría variable, con posición de gran velocidad, de caza, de viaje, de frenado brutal y de viraje acrobático. Alas: con forma de hoz, o de sable de abordaje.  Fuselaje: en forma de torpedo.  Motor: musculatura de muy alto nivel.

Ficha técnica del vencejo:
Peso: la máquina volante pesa 42 g peso el doble que una golondrina.
Longitud: 16 cm.
Envergadura: 42-48 cm. casi medio metro.
Timón: de dirección de geometría variable, con posición de gran velocidad, de caza, de viaje, de frenado brutal y de viraje acrobático.
Alas: con forma de hoz, o de sable de abordaje.
Fuselaje: en forma de torpedo.
Motor: musculatura de muy alto nivel. Todos los dibujos y notas de los mismos de este post están sacados los cuadernos 66 y 67 de la revista “El Cárabo”. Autor ©Pierre Deom.

“Ya ves”, decía la mamá. “No le asusta el jaleo de los pájaros, al contrario, parece que le gusta”.

– “Menos mal; con el estruendo que arman. Este año parece que han venido más que nunca. El alero se va a llenar de nidos”, asentía Don Samuel.

Los padres de Félix habían acomodado al bebé desde el 14 de marzo de 1928 en que nació en su habitación. Él mismo lo narró, 45 años más tarde:

“Pasaban las bandadas de los rapidísimos y oscuros pájaros lamiendo las paredes de yeso con las vigas al aire de las casas de Poza de la Sal”, recordaría más tarde.

Fueron los vencejos el sonajero que tuvo Felisín hasta su quinto mes de vida. No sabían sus padres que aquellos seres alados estaban troquelando un alma destinada a difundir a los cuatro vientos el mensaje de la existencia. Un código, el gritado por aquella algarabía, que está grabado en piedras, en los seres, en las leyendas, en el paisaje estepario del páramo barrido por los vientos. Las vocales del mensaje, las primeras notas de la partitura, se las enseñaron los vencejos.

Probablemente detectaran que el que acababa de nacer iba a saber leer ese código secreto que ellos y el resto de los seres encierran. Que aquel niño encarnaría un hombre de espíritu paleolítico que alguien, o algo, la memoria, o lo que sea, incrustado en la energía y por ende en los genes, cuida de que sobreviva para que la llama del pacto no se apague. Que pueda reavivarse para reconducir la vida inteligente a su único fin posible, que es entenderse consigo misma y con su entorno. Porque extinguirse por torpeza, romper por falta de cordura ese hilo invisible surgido en este planeta hace tres mil millones de años, no es ningún destino, es un insulto a la misma inteligencia.

“Una carrera de vencejos se inicia casi siempre cuando un miembro de la banda, no importa cuál, pasa a toda velocidad sobre uno de sus vecinos aullando. A continuación es la locura general. Todos los arqueros del barrio se lanzan en una persecución estridente a ras de las casas; cogen una calleja en fila, y luego otra, y después otra! hasta que bruscamente, sin poner intermitentes, la tropa vira en ángulo recto y se lanza, cual ráfaga de misiles, a través de una estrecha callejuela. Cinco o seis veces seguidas, los arqueros dan, de tal manera y a toda velocidad, la vuelta completa al barrio. Luego de repente, y de forma completamente imprevisible, se separan sin gritar y cada uno vuelve rm silencio a sus asuntillos.”

“Una carrera de vencejos se inicia casi siempre cuando un miembro de la banda, no importa cuál, pasa a toda velocidad sobre uno de sus vecinos aullando. A continuación es la locura general. Todos los arqueros del barrio se lanzan en una persecución estridente a ras de las casas; cogen una calleja en fila, y luego otra, y después otra! hasta que bruscamente,  la tropa vira en ángulo recto y se lanza, cual ráfaga de misiles, a través de una estrecha callejuela. Cinco o seis veces seguidas, los arqueros dan, de tal manera y a toda velocidad, la vuelta completa al barrio. Luego de repente, y de forma  imprevisible se separan sin gritar y vuelven en silencio a sus asuntillos.”

Sus primeros heraldos fueron las veloces aves que una y otra vez desfilaban apelotonadas ante su ventana, emitiendo sonidos ancestrales. “Cuántas cosas debieron de decirnos los vencejos a los niños de los pueblos con sus voces africanas.”

Vencejo por Pierre Deom2Las acrobacias de los vuelos rasantes en las calles acompañaron al bebé hasta los últimos días de julio.

“Puede permitir mantenerse en el aire 7000 horas sin escalas. Entre su marcha del país a finales de julio y su vuelta en abril del año siguiente, no se posa jamás.”

“Puede permitir mantenerse en el aire 7000 horas sin escalas. Entre su marcha del país a finales de julio y su vuelta en abril del año siguiente, no se posa jamás.”

Sólo años después averiguó el porqué del silencio que se produjo a mitad de verano. Por esas fechas, los vencejos emigran a sus cuarteles de invierno en África. La ausencia de los seres rebosantes de vitalidad, provocaron una añoranza que le acompañaba cada vez que un bando sobrevolaba su cabeza, e invariablemente se preguntaba: ¿De dónde vienen? ¿A dónde irán?, suscitándole ganas de ir tras ellos. Así lo narró:

“Si yo me pusiera a analizar entre las vivencias de mi infancia neolítica, de pueblo agrícola y pastor de la provincia de Burgos, de pueblo colgado de las agrestes laderas que bajan desde el más alto páramo de la Península. En mi infancia feliz, construida sobre historias de lobos, vuelos de águilas, sobre mirar y admirar atónito a las criaturas que constituían mi entorno, uno de los personajes que nunca podré olvidar es el vencejo.”

“Los vencejos, en aquellas casas medievales, viejas, preciosas, maravillosas, que yo pienso que no se cómo se puede permitir que se deterioren, de la villa de Poza de la Sal. En aquellas viejas tejas, en las vetustas fachadas, llenas de oquedades, de resquicios, de rinconeras, se metían los vencejos de manera llamativa cuando con ojos atónitos les contemplaba en mi infancia.”

“Apenas están 100 días en Europa, lo justo para criar a sus pollos, ni una hora más. Llegan de África a mediados de abril es y se van a partir del 20 de julio. A finales de agosto ya casi todos han ido”.

“Apenas están 100 días en Europa, lo justo para criar a sus pollos, ni una hora más. Llegan de África a mediados de abril es y se van a partir del 20 de julio. A finales de agosto ya casi todos han ido”.

“Decíamos entonces los niños que ‘había boda’ entre los vencejos, porque aquellos grupos numerosos, chirriantes, como ebrios de luz, de vida, de libertad, levantando su vocerío incalculable, nos recordaban a nosotros a las bodas de mi pueblo, que tampoco eran mancas, donde otra turbamulta, no precisamente ornítica, atravesaba las calles y las plazuelas a los acordes de las bandas de música. Las bodas del vencejo. Cuántos ratos, tendido con el vientre al sol en las eras de mi pueblo coronadas por viejas tejas en las que se metían los vencejos.”

“Un estudio de los vencejos de Gibraltar calculó que, entre todos los que sobrevuelan la ciudadela, capturan al día… 18 millones de insectos.”

“Un estudio de los vencejos de Gibraltar calculó que, entre todos los que sobrevuelan la ciudadela, capturan al día… 18 millones de insectos.”

“Yo me olía que los vencejos se traían algo entre alas. Me parecía que aquellos pájaros chirriantes, velocísimos, que se perseguían en el aire y a los que resultaba muy fácil ver, por ejemplo, desde la claraboya de mi casa, que dominaba muchos tejados, debían ser distintos a aquellos otros pájaros de villorrio, de menos alcurnia, como los gorriones, incluso los pinzones y las bonitas lavanderas, que se posaban con frecuencia y movían con relativa torpeza sus cortas alas. No tenían nada que ver con el rápido, raudo, fascinante y velocísimo vuelo de los vencejos, que no se posaban jamás. Que se limitaban a entrar en tromba para colarse bajo las tejas viejas cubiertas de líquenes y de gloria o en las grietas de la muralla de Poza de la Sal.”

“Mientras comen y comen copa los vencejos pueden llegar a subir a veces muy alto en el cielo: hasta 900 m 1000 m incluso en 1200 m sólo cuando los insectos empiezan a estar muy diseminados abandona la caza y se dejen caer en dirección a una pradera de vacas.”

“Mientras comen y comen copa los vencejos pueden llegar a subir a veces muy alto en el cielo: hasta 900 m 1000 m incluso en 1200 m sólo cuando los insectos empiezan a estar muy diseminados abandona la caza y se dejen caer en dirección a una pradera de vacas.”

Vencejo por Pierre Deom4 “Ya de muy pequeño aprendí que los vencejos cazan moscas y mosquitos, y también pequeños coleópteros voladores. Porque, en ocasiones –llevados por una tendencia casi inevitable en el niño rural español, que seguramente era un eslabón más en una vieja cadena cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, que es la tendencia depredadora– nos

“Un juego particularmente curioso del arquero es que ejecuta rulos en el aire y se pone a volar de espaldas. Sin previo aviso báscula en pleno vuelo y boom se pone del revés y continúa volando, como si cualquier cosa, de espaldas, solo para hacerse el interesante. Tras 3 o 4 trazos rápidos. ¡alejop! se vuelve a enderezar y el rumbo del revés solo ha durado unas décimas de segundo.”

“Un juego particularmente curioso del arquero es que ejecuta rulos en el aire y se pone a volar de espaldas. Sin previo aviso báscula en pleno vuelo y boom se pone del revés y continúa volando, como si cualquier cosa, de espaldas, solo para hacerse el interesante. Tras 3 o 4 trazos rápidos. ¡alejop! se vuelve a enderezar y el rumbo del revés solo ha durado unas décimas de segundo.”

subíamos a un tejado, o nos colábamos por los recovecos del campanario y llegábamos a poner la mano sobre algún nido de vencejos. Los pajarillos que cogíamos en nuestras andanzas –y por Díos, que no nos imite ningún niño actual– estaban destinados a sazonadas fritangas. Y como nosotros mismos desplumábamos y limpiábamos los pájaros, exactamente igual a como lo harían en su día los niños del Paleolítico, llegábamos a ver que en el buche de los vencejos había cantidad de moscas y de mosquitos. En pueblos tan ricos en vida como los de la España rural, en un pueblo donde los niños de la escasa clase media merendábamos pan con mantequilla, azúcar y moscas, esta particularidad de que los vencejos se alimentaran de aquellos molestos insectos, hizo cobrar a estas aves una entidad todavía más importante y sofisticada ante mis ojos infantiles. De alguna manera, trataban de librarnos de las moscas, cosa que ya es decir, y de agradecer, en un pueblo de Castilla.“

“Su método de caza es, a 40 o 50 km/h, abrir la inmensa boca como un pez volador y tragar casi todo lo que le cae en el pico. Se ha establecido que captura más de 500 especies diferentes de insectos. incluidas las arañitas que viajan por los cielos colgadas en el extremo de sus hilos.”

“Su método de caza es, a 40 o 50 km/h, abrir la inmensa boca como un pez volador y tragar casi todo lo que le cae en el pico. Se ha establecido que captura más de 500 especies diferentes de insectos. incluidas las arañitas que viajan por los cielos colgadas en el extremo de sus hilos.”

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“¡Y si te dijera que se ha cronometrado la velocidad de algunos vencejos a… 160 km/h!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(NOTA:Puedes solicitar los cuadernos de “El Cárabo” sobre los vencejos y otros, en: http://www.biodivers.com/carabo.html o al e-mail: carabo56@gmail.com

La cinta original sobre los vencejo de FRF en Radio Nacional de España, programa “La Aventura de la vida” está en dos cintas: 1ª: http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-aventura-de-la-vida/aventura-vida-vencejos/1617693/
y 2ª: http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-aventura-de-la-vida/aventura-vida-vencejos-ii/1786919/

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“Los científicos detectaron que los vencejos podrían llegar hasta una altura de 3600 m una pareja de vencejos puede llegar a suministrar diariamente a sus pollos unos 12.000 insectos el equivalente al peso de un adulto.”

 

Publicado en El Cárabo, Félix Rodríguez de la Fuente | Deja un comentario

¿Transmitía algo especial la voz de Félix Rodríguez de la Fuente?

1264755930628 La Cultura oral aportaba habilidades al intelecto que ahora mismo no tenemos la mayoría de los mortales. Facultades que indican un nivel intelectual del hombre primitivo mucho mayor del que habitualmente se le atribuye y muy superior al de la media actual. Así opinaba Félix Rodríguez de la Fuente que tuvo que haber sido. Y debía saber de qué hablaba, porque él era otro chamán de la palabra. El comentario que dejó sobre este tema –grabado con su voz como no podía ser de otra manera hablando de la cultura oral– son reflexiones, sacadas de su experiencia propia, de un calado que aún está, como él dice, por investigar. (Pulsa en la línea de audio).

Nos consta que él no conoció los datos que  exponemos en el capítulo 4º del primer tomo de la obra “Genesis” (pincha aquí para leerlo) en el que apuntamos a la importancia de la  Cultura oral en un pueblo primitivo de cazadores recolectores, cuyos últimos 400 supervivientes aún manejaban un vocabulario de 32.000 palabras.

 

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Homenaje en Aznalcázar, Sevilla, a los pioneros en defender Doñana hace 50 años

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Un científico, un ecologista, un cazador y un funcionario lanzaron el 27 de marzo de 1965 en Sevilla una S.O.S. para salvar Doñana. Desde aquel día, hasta que se aprobó la ley que protegió este espacio de forma definitiva, con la reclasificación del Parque Nacional en 1979, su lucha no cejó.
Hoy, 50 años después, el Ayuntamiento de Aznalcázar, término municipal que ocupa la parte de Doñana cuya total desecación se paró con aquella lucha iniciada hace medio siglo, organiza un homenaje a esos pioneros, José Antonio Valverde, Félix Rodríguez de la Fuente, Carlos Melgarejo y Juan Aizpuru,
Félix tenía entonces 37 años y aun no era famoso. Fue llamado en marzo de 1965 por Aizpuru, ingeniero-jefe del distrito forestal de Sevilla, a los dos meses de empezar a hablar, 7 minutos cada 15 días, en la incipiente televisión española. Entre ambos, el biólogo Valverde, que tenía 39 años y llevaba 3 meses al frente de la Estación Biológica, y Melgarejo, propietario de uno de los cotos de caza de Doñana, clamaron en sus conferencias para que la marisma no se desecara, como un mes antes anunció se haría, el ministro de Agricultura, en una visita que hizo a Doñana. Oponerse en aquellos tiempos a una decisión del régimen dictatorial franquista requería valor y coraje, porque el miedo atenazaba a los españoles y las represalias podían ser grandes.
El Ayuntamiento de Aznalcázar rinde este homenaje en la Casa Forestal que frecuentaron aquellos cuatro personajes en sus andanzas por Doñana. En el acto inaugura la remodelación de este histórico edificio como centro dinamizador de desarrollo socioeconómico del municipio. En él anunciará sus planes para que la naturaleza que se conservó contribuya al bienestar de la sociedad y sea un recurso económico de primer orden para los habitantes de la zona.
Aznalcázar acoge mucha población de lince ibérico, aves acuáticas y fauna de Doñana. Su alcaldesa reclama que se indique la entrada al Parque Nacional desde la autopista a la altura de la salida que conduce a este término que ocupa gran parte del espacio protegido.
Durante el homenaje, al que se sumó la Estación Biológica de Doñana, la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, el Espacio Natural Doñana y los Cuadernos de la Naturaleza El Cárabo, se proyectará el documental de 16 minutos “Señores del espacio”, que presentó en el acto de Sevilla de hace 50 años, en total primicia, su autor, Félix Rodríguez de la Fuente, e impartirá una conferencia conmemorativa de las de hace 50 años, el editor de las memorias del profesor Valverde y biógrafo de Rodríguez de la Fuente, Benigno Varillas.

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